Ignoro también quien habrá sido el primero que me ideo en sus sueños y esperanzas, para luego trazarme sobre papel con arte, precisión, cariño e interés cada detalle de mis interiores.
Tal vez me imaginó grande, fuerte e importante, que a la vez ofreciera calor, protección, servicios útiles y buena imagen al barrio frente a personas como colegas.
Tal vez me hizo primero con cartón y papel a un tamaño muy pequeño de lo pensado, para mostrar a
algunos que la inversión en mi creación no reportaría perdidas a mediano o largo plazo.
Si los viera nuevamente, aún en las circunstancias actuales les daría las gracias por la acogida de la idea.
Tal vez los constructores que me colocaron cada célula de arcilla, que montaron cada tejido de concreto y estuco, que instalaron cada sistema vital de mi ser con tesón,

esfuerzo y cariño; al igual que mi inventor no paraban de soñar en
verme lo más pronto posible acabado, para ofrecer a ésta linda ciudad que me acogió en su espacio, un albergue, un elemento, un símbolo más que demuestre ante sus hermanas lo valiosa qué es ante la madre patria.
Tal vez fui una vivienda que alojó familias múltiples, que buscaron en mí un hogar, patio y descanso de sus quehaceres rutinarios. ¿Cuántas parejas habrán realizado pasiones o desamores?, ¿Cuántos niños habrán jugado y cometido pequeñas travesuras?, o quizás ¿Cuántos dieron su último suspiro delante de sus seres queridos para encontrarse con el Señor?, entre mis pasillos, entradas, escaleras o habitaciones.
O Tal vez fui testigo mudo de importantes decisiones, proyectos o servicios a la comunidad que se

gestaron entre médicos, abogados,
maestros, políticos u otros hombres y mujeres de diverso oficio. Como protector, cuartel, hospital, escuela o centro de abasto.
A lo largo de mis años mientras les pude ser útil.
Ahora parezco una ruina, poco menos que adorno y pequeña guarida. Ya no luzco el esplendor como décadas o siglos anteriores. Estoy anticuado tanto en forma como fondo, delante de jóvenes edificaciones modernas vecinas, más cómodas quizás, o construidas con tecnologías más avanzadas que las mías.
Pero Sobreviví.
Ignoro cuanto tiempo transcurrió desde el primer besó de la dulce champaña que tocó alguna muralla o esquina mía, pero sobreviví a su largo y pausado paso.
Sobreviví a pesar de los funestos avatares de la naturaleza cuando estremecía mis ventanas y tejas con sus gritos eólicos, y aquellas ocasiones que descargaba sus furias a mano de Júpiter en mi desgastante estructura.
Hasta el día que como a cualquier ser me toque regresar a la tierra de donde partió su destino.

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